Al día siguiente, su abuela abrió los ojos y sonrió.
—¿Ves? —dijo—. El bambú nunca miente. Al día siguiente, su abuela abrió los ojos y sonrió
El viento sopló fuerte. Las cañas se inclinaron y, en un susurro colectivo, dijeron: Al día siguiente
Un día, su abuela enfermó. Los médicos no supieron qué hacer. Valeria, desesperada, corrió hacia el bambú y suplicó: en un susurro colectivo